Cambio climático: Adaptación y nuevos patrones de consumo para afrontar el fenómeno
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El ají de fideo sabe igual de rico cocido al sol o en cocina a gas, afirma Francisca Luna, quien desde el año pasado cuenta con una cocina solar en la cual hierve agua y prepara sus alimentos todos los días. Esto le ha significado un ahorro, pues ahora compra una garrafa de gas licuado cada dos meses y medio; antes lo hacía una vez por mes para cubrir la demanda en su cocina.
Éste es un ejemplo de cambio de actitud en el uso de energía, de gas licuado a energía solar, una medida de adaptación y mitigación del cambio climático, aunque Francisca confiesa que fue la curiosidad más que una cuestión ambiental lo que la impulsó a adquirir la cocina solar.
Ésta es una de varias alternativas que la población en general puede tomar para adaptarse a los efectos del cambio climático que ya está afectando al país.
La adaptación, en el contexto del cambio climático, se define como una estrategia de manejo de los recursos para reducir al mínimo sus efectos adversos.
En este marco, Bolivia, a través del Programa Nacional de Cambios Climáticos (PNCC), elaboró el Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático que comprende cinco programas sectoriales: Adaptación de la seguridad alimentaria al cambio climático, Adaptación sanitaria al cambio climático, Adaptación de los recursos hídricos al cambio climático, Adaptación de los asentamientos humanos y gestión de riesgos al cambio climático y Adaptación de los ecosistemas al cambio climático.
Este mecanismo incluye programas transversales: la investigación científica, la capacitación, la difusión y educación, y aspectos antropológicos y conocimientos ancestrales.
Estos cinco programas requieren para su implementación de un plan de acción y recursos económicos. Con ese fin, el Viceministerio de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático iniciará este mes talleres para elaborar el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, que planteará acciones dentro de la línea del Mecanismo.
Según el titular de este Viceministerio, Pablo Ramos, urge encarar estas acciones por los efectos que este fenómeno ya está dejando en el país.
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), este problema global, por el alto grado de vulnerabilidad de Bolivia, en 2007 ocasionó una pérdida económica de 443 millones de dólares por la ocurrencia del fenómeno de El Niño, manifestado en sequías e inundaciones que afectaron a 120.000 familias en todo el país.
El deshielo de los nevados es otro de los efectos del cambio climático en el país. Un icono de este problema es la desaparición del nevado Chacaltaya, ubicado cerca de la urbe alteña.
El PNCC, a través de sus propias investigaciones y de otras que apoyó, puso en evidencia los problemas que está causando este fenómeno en el país.
El retroceso de los nevados Tuni y Condoriri es uno de los más preocupantes, porque los sectores de dotación de agua para El Alto y las laderas de la ciudad de La Paz, así como las actividades agropecuarias, principalmente de los municipios de Batallas y Pucarani, se verán afectadas por la reducción de disponibilidad del recurso.
A este panorama se suman otros aspectos que hacen del país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático, un fenómeno que no se detendrá, según los expertos, por lo que a Bolivia sólo le queda adaptarse a ellos.
El ciudadano común
Las medidas de adaptación incluidas en el Mecanismo del PNCC deben ser implementadas por el Gobierno central, las prefecturas y los municipios.
Sin embargo, la participación de la población es fundamental para lograr sus objetivos: reducir la vulnerabilidad al cambio climático, promover la adaptación planificada y reducir el riesgo de los impactos en los sectores identificados como vulnerables.
Así lo reconoce el Viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático, quien señala que "sin el concurso de la población ningún plan o política podrá implementarse con éxito". Esta participación se centra en un cambio de actitud y de hábitos, principalmente de consumo.
Con ello coincide el experto en esta materia y ex coordinador del PNCC Óscar Paz. "El papel del ciudadano común es fundamental y puede participar con cosas muy simples", por ejemplo evitar el derroche de agua.
En febrero, en el municipio de La Paz por primera vez se prohibió el uso de agua para el juego carnavalero, debido a un déficit en la oferta por falta de lluvias que amenazaba con racionar el líquido para los paceños.
Si bien la medida no se acató totalmente, se evitó un alza en la demanda de agua como usualmente pasa en Carnaval. La sensibilización y educación ambiental -dice Ramos- desempeñan un papel muy importante es esta tarea.
En ello se enmarca el programa ejecutado en 2008 por el Gobierno, a través del cual se cambió gratuitamente las bombillas de luz de 100 watios por las "ahorradoras de energía" de 18 watios en 5.000 hogares. Se estima que cada familia reducirá un 30 por ciento su uso de electricidad y, en consecuencia, su pago.
El fin del uso racional de agua y energía no es sólo pagar menos por ellos, sino evitar su déficit y mitigar el cambio climático.
El presidente del directorio de Observancia Centro Interdisciplinario, Gustavo Cardozo, destaca la importancia del cambio de conducta, principalmente pensando en que los sectores de mayor pobreza son los más vulnerables a los impactos del citado fenómeno, como pasó recientemente con el dengue.
El coordinador de Programas de Cambios Climáticos, Jaime Villanueva, habla de otro elemento más a tomar en cuenta para la adaptación: las concepciones culturales de la población, es decir, las prácticas ancestrales que sobrevivieron a los eventos adversos como los que ahora se afrontan en el país.
Acción y cambio climático
El cambio climático se refiere a una serie de alteraciones ocurridas en el clima, como consecuencia directa o indirecta de las actividades humanas, las cuales alteran la estructura de la capa atmosférica. Estas alteraciones han generado -desde la era industrial- un aumento inusual en la concentración de gases de efecto invernadero (GEI), provocando un incremento de la temperatura global y produciendo una serie de impactos negativos en los diversos ecosistemas.
El uso intensivo de combustibles fósiles (petróleo, gasolina, diésel, gas natural y otros), la quema y tala de bosques son las principales fuentes de este problema.
La adaptación es la mejor opción para hacer frente al cambio climático. Se entiende por adaptación a la capacidad que los seres vivos poseen para acomodarse a un determinado medio. Para hacer frente a este fenómeno, es importante que se reduzca la vulnerabilidad a través de, precisamente, la adaptación.
La mitigación es otra acción frente al cambio climático. Su objetivo es reducir las emisiones de GEI y mejorar los sumideros como son los bosques. La forestación y reforestación son medidas de mitigación.
(Fuente: PNCC )
Plan Nacional de Adaptación
El país cuenta con el Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático que requiere ser implementado. En ello trabajará el Gobierno nacional este año.
Así lo afirma el viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático, Pablo Ramos. "Es una tarea que se tiene que atender de manera urgente". En ese marco, esa repartición del Estado prepara el primer taller que se realizará en mayo con el objetivo de elaborar una estrategia de adaptación para los próximos 40 años.
La autoridad espera que este proceso no dure más de cuatro meses y contar, antes de fin de año, con un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático que fijará acciones concretas sobre la base de las cinco líneas planteadas por el Mecanismo de Adaptación.
Ramos espera concluir la elaboración del plan antes de fin de año. La ejecución de éste demandará recursos económicos, para lo cual se prevé crear un fondo para la adaptación.
Un desafío, según Ramos, será la creación de un Comité Nacional de Cambio Climático, a cuya cabeza estará el Presidente de la República y del cual formarán parte miembros de la sociedad civil, del sector político e institucional.
Algunas medidas
Agua
Este recurso será cada vez más escaso por diversas razones, una de ellas es el deshielo de los nevados. Se recomienda usarlo con eficiencia: regar el jardín en las noches, reutilizar el agua del lavado de ropa para limpiar las aceras o el patio; cerrar el grifo mientras se cepilla los dientes y se jabona el cuerpo en la ducha; lavar el auto utilizando una cubeta y no una manguera.
Energía
Por la escasez de agua, la energía eléctrica generada por hidroeléctricas disminuirá. Se recomienda desconectar los aparatos eléctricos cuando no estén en uso; utilizar bombillas de luz "ahorradoras"; adquirir aparatos eléctricos de uso eficiente de energía; si tiene que comprar una cocina, es más conveniente que elija una a gas antes que una eléctrica.
Combustible
Se recomienda utilizar vehículos sólo cuando sea necesario; si se hace uso de ellos, mejor compartirlos con otras personas; hay que tratar de movilizarse a través del transporte público; hay que masificar el uso de la bicicleta (medio de transporte ecológico); hay que reemplazar los combustibles de los automóviles a gasolina y diesel, por el gas natural.
Forestación
Se debe evitar la quema, la tala y el desmonte de los bosques, así como los incendios forestales, esto para no liberar dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Más bien, hay que forestar y reforestar los bosques para capturar CO2. También conviene utilizar papel de manera racional; usar ambas caras, reciclar y evitar la impresión innecesaria de materiales.
Consumo
Hay que reducir el consumo de productos que se expendan en envolturas aparatosas; evitar el uso de bolsas plásticas, cambiarlas por las de tela; reducir el uso de productos desechables (platos, vasos, cubiertos, botellas); reducir el uso de pilas de cadmio, cambiar al uso de las recargables. Disponer los desechos sólidos de manera adecuada para no contaminar.
Actualizado (Lunes, 10 de Diciembre de 2012 16:06)








