ILC - América LatinaJulio de 2010
Mujeres productoras, pescadoras, pensadoras, parteras, microempresarias, activistas, luchadoras, t, luchadoras, todas reunidas con un solo objetivo, escuchar, aprender, conversar, cuestionar, movilizar, avanzar. Esa fue la experiencia del Conversatorio Mujer Rural: derechos, desafíos y perspectivas, realizado entre el 7 y 9 de julio en Bogotá, un esfuerzo conjunto llevado a cabo por el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), la Internacional Land Coalition (ILC), y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).
Este importante evento duró tres días y reunió a más de 65 mujeres de 10 países de Sudamérica y Centroamérica y de 15 departamentos de Colombia, el país anfitrión. El debate, que permitió profundizar la reflexión sobre los desafíos que enfrentan las mujeres rurales en el proceso de su emancipación en todas sus dimensiones, giró en torno a los siguientes ejes:
- La importancia del ejercicio de los derechos civiles, sociales, políticos, económicos y culturales. Para las mujeres, los derechos son “encadenados”, y solamente el pleno ejercicio de todos los derechos les permite emanciparse de la discriminación, marginalización y pobreza. La postura individual y colectiva de las organizaciones de mujeres varía desde lo “defensivo” hacia lo “constructivo”, postura que resulta del logro que han conseguido en el ejercicio de sus derechos. Solo las mujeres que han eliminado los obstáculos en su vida civil, cultural y social logran tener una perspectiva de emprendimiento económico.
- La necesidad de acabar con la invisibilización de las mujeres rurales: las mujeres no figuran en los censos agropecuarios, en los proyectos productivos, en la ejecución de las leyes agrarias, etc. Se tiene que apostar más por la investigación, la creación de datos desagregados y la documentación de casos emblemáticos relevantes al debate en curso.
- La conformación de alianzas: pese a las situaciones adversas en las que se encuentran, es importante crear alianzas y establecer vínculos entre las mujeres del continente como estrategia para salir de la situación de vulnerabilidad -como es el caso de muchas regiones- para convertir esos elementos en herramientas constructivas.
- Es importante apoyar a organizaciones de base y el liderazgo de mujeres que incidan en la vida política de la colectividad. Se necesitan políticas diferenciadas que respondan a las necesidades reales de las mujeres. Las mujeres tiene que ser actoras políticas para generar cambios.
Ahora pasamos a abordar algunos temas importantes que se desprenden de los debates arriba citados:
Ser mujer rural en Latinoamérica
¿Mujer rural, campesina, indígena, afrodiscendiente o productora? ¿Por qué mujer rural y no una de las otras definiciones? Como señala Amartya Sen, los individuos tienen múltiples identidades y una no excluye a la otra. Lo importante es reconocerse y elegir la o las identidades que se nos acomoden, aquellas con las que nos gusta ser reconocidos y reconocidas por los demás.
El término rural puede implicar una categoría amplia en la que se incluyen las categorías indígena, campesina, afrodescendiente, agricultora, pastora, etc. Todas estas categorías no son excluyentes y, más bien, -en el caso de las mujeres- ayudan a entender, precisar e identificar las necesidades y problemáticas de cada región y contexto particular. Es así que se ha identificado una serie de obstáculos a nivel regional que no permiten avanzar y superarlos sólo a nivel local.
Ser mujer rural en Latinoamérica también implica defender el territorio, entendido no solo como el lugar en donde trabajan, sino como el espacio donde se desenvuelven, reproducen y se crea sentido de comunidad. Hoy en día las mujeres están conscientes de la serie de amenazas que sufre su territorio. Particular es el caso colombiano, donde muchas comunidades indígenas y campesinas sufrieron el desplazamiento a raíz del conflicto armado, ocasionando que familias enteras hayan tenido que migrar más de una vez a distintas regiones, reinsertándose a otras comunidades rurales, mientras que otras han tenido que incorporarse al mercado laboral urbano, dejando de ser agricultoras.
A pesar del contexto colombiano y de sus dificultades específicas, hay amenazas generalizadas que están afectando la vida en las áreas rurales de todos los países del continente, presiones múltiples con dinámicas similares en los distintos países. Entre estas amenazas se encuentran las actividades minera e hidrocarburífera en los territorios indígenas. Regiones como la Amazonía ahora se encuentran ante los ojos de las empresas transnacionales extractivas. Otras amenaza es la extranjerización de los territorios, puestos en venta en el mercado internacional. Fenómenos como el de las grandes adquisiciones y concentración de tierra que se están dando en la Argentina pueden demostrarnos de qué forma se afectan directamente los intereses de los pueblos indígenas, despojándolos de sus territorios. Esto se encuentra en total contradicción con las estrategias de vida de pequeños productores y con la producción de autoconsumo, que cuentan con poco apoyo por parte de los gobiernos de turno y escasa asignación de recursos para fortalecer ese sector.
Acceso a la tierra
Intervenciones del público
Intervenciones del público
La falta de acceso a la tierra se ha reconfirmado como un obstáculo determinante en el desarrollo de estrategias de vida por parte de las mujeres. Tener control sobre la tierra es un logro que representa un cierto nivel de empoderamiento, pero no puede considerarse como un fin, tiene que ser un medio para finalmente sobrepasar la condición de vulnerabilidad, dependencia y pobreza.
En la visión femenina del acceso a la tierra, la tierra es para vivir, un espacio donde distintas expresiones –tanto a nivel individual como colectivo- pueden desarrollarse en los ámbitos sociales, culturales, económicos.
Ser dueña de la tierra, pese a que no es suficiente, es un gran avance y constituye uno de los escalones más firmes para poder acceder efectivamente a la tierra y el territorio. Esto, en tanto que permite alcanzar otros fines: llevar a cabo préstamos en instituciones financieras, poder invertir en algún proyecto productivo, poder comprar o vender tierra, etc.
Un ejemplo interesante es el caso de Nicaragua, donde se promulgó, tras el firme impulso de organizaciones de mujeres, la Ley Creadora de un Fondo para Compra de Tierra con Equidad de Género, con el apoyo y respaldo de instituciones para que las mujeres puedan acceder a la compra de tierras en mejores condiciones que las que brindan los bancos.
Mujeres como agentes de cambio
Han sido muchas las experiencias compartidas en el evento, mujeres que se asocian entre ellas para ahorrar algún dinero de los recursos limitados que perciben y mujeres que se asocian en torno a la producción del pollo criollo, la producción agrícola y el cuidado y mejoramiento de semillas, entre otros. El ahorro es un instrumento que genera autonomía individual y colectiva a través de los sistemas formales e informales de usos y costumbres locales. La autonomía es una condicio sine qua non para ejercer derechos.
Al mismo tiempo pudimos conocer proyectos de apoyo a las mujeres productoras, ya sean impulsados desde los propios gobiernos, como desde instancias no gubernamentales, que en sociedad con las organizaciones de base de las mujeres han podido avanzar.
La agricultura tiene un rostro femenino a través de la agricultura agro-ecológica y la seguridad alimentaria. Las mujeres que participaron en el debate han llevado a cabo experiencias interesantes en estos ámbitos y ponen la sostenibilidad y el fin último de la agricultura como criterios en el uso de los recursos productivos disponibles. Se constató que una vez que se accede a la tierra, se tiene que acceder al mercado. Se destacó la conveniencia de apostar por actividades económicas que generen más riqueza, resaltándose experiencias de turismo y artesanía.
Pese a la importancia de aprender de todas estas experiencias, los esfuerzos pueden ser vanos si no se cuenta con las condiciones necesarias para fortalecer las capacidades y conocimientos que poseen las mujeres. Estos emprendimientos, ya sean individuales o colectivos, facilitarían a su vez mejores niveles de negociación y, por lo tanto, contribuyen a reducir la violencia al interior de la familia y la comunidad. Estamos ante el nacimiento de sistemas agrícolas más equitativos y horizontales que permitan a las mujeres desenvolverse de mejor manera y aportando al desarrollo de su comunidad en forma plena. No se trata de desconocer los aportes de las mujeres en la actualidad, al contrario, de lo que se trata es de poder incluir a los varones en las importantes transformaciones que se están llevando a cabo, donde las mujeres poseen un papel decisivo. Se debe trabajar para que estas experiencias ejemplares y dignas a seguir no sean una excepción, sino buenas prácticas a seguir en la comunidad.
Eventos como estos nos ayudan a comprender el complejo mundo de las mujeres y su interminable lucha por salir adelante día a día. Nos queda mucho por entender, por ejemplo, cómo es que la producción o la seguridad alimentaria –procesos impulsados y /o liderados principalmente por mujeres-, son actualmente los aportes más importantes del mundo femenino, ya que son ellas las que se encargan de sostener esto a partir de su trabajo diario, pese a las fuertes presiones que sufren las comunidades en Latinoamérica.
Los organizadores llevarán los resultados de este evento a un segundo conversatorio en Costa Rica en octubre de este año, el cual estará más focalizado en las cadenas productivas de valor en el ámbito agro-ecológico.




