Fuente: Opinión, 29 de julio de 2010
El valor de la producción campesina decrece en tanto que el valor de la producción empresarial aumenta
En los últimos veinte años se advierte una clara tendencia hacia un menor peso de la agricultura en relación al Producto Interno Bruto (PIB). En 1988 participaba con el 11,2% mientras que en 2007 lo hacía con el 9,8%. Esta tendencia es similar en el caso de la ganadería, afirma un estudio del investigador Enrique Ormachea.
La serie histórica correspondiente a las últimas diez campañas agrícolas (1998/1999 -2007/2008), muestra un escenario en el que el comportamiento de la superficie cultivada a nivel nacional, presenta signos de estancamiento, agrega.
SUPERFICIE Entre las gestiones agrícolas 1998/1999 - 2002/2003, la superficie cultivada no sobrepasó las 2.148.935 hectáreas. A partir de la gestión agrícola 2003-2004 se presenta un incremento de la superficie cultivada que llega a 2.648.790 hectáreas en 2005-2006.
A partir de 2006-2007 se advierte un leve decremento que llega a 2.610.048 hectáreas y que se agudiza en la última gestión agrícola (2007-2008), donde se contabilizan solamente 2.411.689 hectáreas. Las tasas anuales de crecimiento de la superficie cultivada muestran una tendencia a menores ritmos de crecimiento desde la gestión 2004-2005 y desde las dos últimas gestiones agrícolas, las tasas son negativas, llegando en 2007-2008 a -7,6%.
El comportamiento de la producción agrícola entre 1998-1999 y 2005-2006 a nivel nacional se caracteriza por incrementos y decrementos no muy marcados y alternados. Sin embargo, dice Ormachea, se nota un importante decremento de la producción entre las gestiones agrícolas 2004/2005 -2006/2007 de 11.693.721 toneladas métricas a 10.171.942 toneladas métricas respectivamente, presentándose un ligero incremento en la gestión 2007-2008 en la que se registra una producción de 10.955.56 toneladas.
Tanto a raíz del proceso que generó la etapa de sustitución de importaciones que se inició en 1952, como por la aplicación de las políticas neoliberales implementadas desde 1985, la agricultura capitalista ha sido orientada fundamentalmente a la exportación, la que se ha desarrollado y fortalecido en este último período.
El investigador señala que el campesinado sigue teniendo un peso cuantitativo aún significativo, pero su relevancia en relación a la producción agropecuaria es cada vez menor. Investigaciones recientes citadas por Ormachea señalan que mientras entre 1961-1963 del total del valor de la producción agropecuaria, el 82,20% correspondía a la producción campesina y el 17,80% a la producción empresarial, entre 1985-1987 el valor de la producción campesina había descendido a 59,80% y entre 2000-2002 sólo significaba el 39,70%.
INDUSTRIA En contraposición, hacia el 2002 el sector empresarial concentraba ya el 60,30% del total del valor de la producción agropecuaria del país.
Una reclasificación del ordenamiento tradicional que presentan las estadísticas sobre los principales cultivos en el país, permite observar que hacia 2007-2008, del total de la superficie cultivada, alrededor del 80,0% alberga cultivos que en mayor o menor medida requieren ser procesados industrialmente para consumo humano o animal final, lo que demuestra el creciente peso de la industria sobre la agricultura.
Esta situación puede estar llevando a sectores campesinos a procesos de especialización productiva y a la conformación de pequeñas unidades campesinas que incorporan paulatinamente maquinaria y trabajo asalariado en ciertas fases culturales, señala Ormachea.
Pero, agrega, también puede significar que otro contingente de unidades productivas campesinas, aún sin alterar necesariamente sus formas de producción precapitalistas, se organicen de acuerdo a los requerimientos de calidad, oportunidad y cantidad que le requiere la industria capitalista.
TIPOS DE CULTIVOS Por otro lado, entre los cultivos con predominancia de producción campesina, la información estadística señala que son aquellos destinados a la exportación no tradicional los que, en estos últimos diez años presentan tendencias de expansión de su superficie cultivada y de su producción (quinua, banano, piña y haba, entre los más importantes y más demandados a nivel internacional.
En base a estos productos entre los departamento con mayor producción están La Paz y Oruro, por la quinua y haba, Cochabamba con el banano y la piña, junto a Santa Cruz.
El área rural pierde población
Bolivia no escapa al proceso de urbanización que caracteriza a otros países del continente, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En 1976 la población que residía en el área urbana era de 41.3% en tanto que en 1996 representaba el 60.6%.
Para el año 2008 se estima que la población urbana era de 65.5% y para el año 2030, según proyecciones del INE será de 73%, significa que en un futuro cercano la población urbana excederá los dos tercios del total de la población boliviana.
Este proceso de urbanización, no es homogéneo en todos los departamentos. Para el 2008 se estima que el 60.9% de la población del altiplano residía en el área urbana. En los valles se estima para ese año un 60.7% de la población que vivía en el área urbana.
Tres departamentos son la excepción de esa regla: Potosí, Chuquisaca y Pando que tienen aún mayoritariamente población que reside en áreas rurales (más del 50%). En los seis departamentos restantes la población urbana ya significa más del 60% del total de cada uno de ellos.
El oriente concentra la producción ganadera avanza rápido en la rubro de la avicultura
De acuerdo a datos preliminares de la Encuesta Nacional Agropecuaria de 2008, la región de los llanos concentra el 71,9% del hato ganadero bovino del país, revela la investigación de Enrique Ormachea, divulgada por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).
Señala que la ganadería ovina, caprina y camélida que es desarrollada fundamentalmente por campesinos y que ya no tiene un peso sustantivo en la estructura de gastos de consumo de la población, sobre todo urbana, se localiza en la región andina del país.
Entre los años 2000 a 2007, la oferta total de carne de cada una de las especies, presenta tendencias de crecimiento constante. Entre los años 2000 a 2005 la principal oferta de carne correspondía a la bovina, situación que comienza a cambiar a partir de 2006 cuando tiene primacía la carne de ave en la oferta.
Entre 2000 y 2007 mientras la carne bovina incrementó su producción en 34.477 toneladas, la carne de ave lo había hecho en 85.277 toneladas. Este crecimiento de la producción de carne de pollo en los últimos años, significó también un incremento acelerado de la producción de huevos de 800.461 en 2000 a 10.584.216 en 2007.
Los dos departamentos más importantes en la producción de carne bovina son Beni que produce el 44,8% de la producción total y Santa Cruz que produce el 34,7%.
Si a estos departamentos se agrega lo que se produce en Pando (1,1%), los departamentos de los llanos ofertan el 80,6% de la producción de carne bovina. La importancia que está adquiriendo Santa Cruz como departamento productor de carne bovina se explica porque, ese departamento se está especializando en el engorde de bovinos que son trasladados del Beni, por lo que, a su vez se está especializando como una región de cría y recría.
La actividad agropecuaria se reduce en el área rural
Mientras en 1996 el 13,6% de la población ocupada en áreas rurales se insertaba en actividades no agropecuarias, en 2007 este porcentaje representaba el 24,6%, señala el estudio “Soberanía y Seguridad Alimentaria en Bolivia”, del investigador Enrique Ormachea.
Algunas investigaciones han constatado la importancia que adquiere para la reproducción de los hogares rurales, los ingresos provenientes de actividades extraprediales y entre éstos los que se generan por la venta de fuerza de trabajo.
Se estima que el 45% de los ingresos familiares en las áreas rurales del país se origina en actividades no agropecuarias y por transferencias.
Esta tendencia, sin embargo, no es generalizada y se presenta con mayor o menor vigor en determinadas regiones del país. Así por ejemplo, un estudio demuestra que en determinadas zonas de Santa Cruz los ingresos familiares campesinos por venta de fuerza de trabajo son del orden del 6,74%, mientras en los valles de Cochabamba pueden significar el 13% y en la región del Chaco el 19%.
Un estudio de Bolfor sobre ingresos familiares en organizaciones forestales comunitarias y sociales realizado en TCO de La Paz, Santa Cruz y Pando, da cuenta que el trabajo asalariado fuera de la finca es la principal fuente de ingresos de las familias campesinas pues representa el 35,7% del ingreso anual total, mientras los negocios comerciales representaban el 7,7% y las transferencias el 7,3%.
En zonas como Chiquitos o Ixiamas el ingreso familiar por venta de fuerza de trabajo llega al orden del 40% del ingreso familiar total.
Estos datos permiten inferir que proporciones importantes de campesinos en determinadas zonas y regiones ya no se presentan en el mercado solamente como oferentes de bienes de subsistencia sino también, y fundamentalmente, como oferentes de fuerza de trabajo asalariada y, por lo tanto, como demandantes de productos alimenticios en proporciones cada vez más significativas.


