¿Movimiento gigante con pies de barro?
Entrevista: Miguel Urioste
Revista Defis Sud – Francia
Diciembre de 2005
Una entrevista con la Revista Defis Sud / Número 70 / Bruselas (Traducido del Francés)
¿Cuál es el estado de salud del movimiento campesino en América Latina?
MU. Precisemos de entrada que en estos últimos tiempos el concepto de campesino es generalmente asimilado al de indígena. De esa manera, el concepto tradicional de campesinado dentro de una comprensión económica y productiva, viene siendo reemplazado por una aproximación más parcial, centrada especialmente en el carácter étnico de los campesinos. Esta visión se encuentra en el discurso de las organizaciones campesinas de países de mayorías indígenas; pero también en el seno de la cooperación internacional. La atención puesta al multiculturalismo es, ciertamente, muy positiva, pero su exacerbación ha hecho olvidar otros aspectos, también cruciales, de las poblaciones rurales.
¿El movimiento indígena latinoamericano sin embargo ha ganado importancia?
MU. Las organizaciones indígenas sin ninguna duda, tienen más poder, ya se trate de los mayas de México o los Mapuches de Chile, pasando por los quechuas y los aymaras de Perú, Ecuador y Bolivia. Sin embargo los líderes de estas organizaciones indígenas al mismo tiempo han desarrollado un discurso radical de auto determinación, a veces inclusive con unas miradas estáticas a partir de referencias históricas precoloniales. Se trata casi de un fundamentalismo étnico. Esto no tiene nada que ver con las reivindicaciones más concretas, demandadas en el curso de los decenios anteriores por los dirigentes campesinos indígenas que miraban el acceso a la tierra, el financiamiento, los mercados y que participaban de procesos nacionales de desarrollo.
¿Sería necesario por tanto hablar de movimientos campesinos en plural?
MU. Efectivamente, no existe solo un único movimiento campesino en América Latina. Cada región tiene sus particularidades, allá donde la población campesina indígena es minoritaria, sus organizaciones están más ancladas al nivel local, en lo productivo, en el corto plazo. Al contrario, allí donde ellas son mayoritarias –los países andinos o Guatemala en América Central- sus reivindicaciones están principalmente ligadas a proyectos sociales de auto determinación política.
¿Cómo esas reivindicaciones son vividas por las comunidades?
MU. Se observa un divorcio entre el discurso planteado por los dirigentes y lo que ocurre en las comunidades. Estas últimas están principalmente preocupadas por la sobrevivencia cotidiana, por la venta de sus productos, por la adquisición de tecnologías que les permitan aumentar la productividad, etc. De esa manera, en los países andinos, el liderazgo de ciertos dirigentes solo es discursivo.
¿Cómo explica usted esta radicalización del movimiento indígena?
MU. Probablemente es la consecuencia de grandes frustraciones. Los proyectos excluyentes de nuestras elites han estado siempre muy lejos de las demandas de las organizaciones indígenas, quienes están convencidas que sus reivindicaciones, especialmente en materia de inclusión económica, no son suficientes.
El Movimiento Sin Tierra del Brasil y los Zapatistas de México son generalmente citados como ejemplos de éxito en materia de organización campesina. Sin embargo usted ha afirmado que el MST de Bolivia era “retrógrado y conservador”
MU. El proceso de construcción del Movimiento Sin Tierra del Brasil y del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional de Chiapas, ha llevado tal vez a una visión idílica de los campesinos latinoamericanos, que nubla otras experiencias de organización muy valiosas pero menos visibles y que no se benefician así del mismo apoyo internacional. En lo que concierne al MST boliviano, dirigido por Ángel Durán, yo creo que él se beneficia del renombre de esta etiqueta para obtener espacios personales de representación política. Por eso es que él tiene un discurso extremadamente radical, que reivindica las tierras solamente para los indígenas. No hace más que dar un servicio a los grandes latifundistas del país. Esa organización no es coherente, pues ellos han abandonado rápidamente las tierras que el Estado les había asignado. Al contrario, la dinámica de confrontación del MST brasilero con los grandes propietarios de tierras es diferente: desde un comienzo hay una demanda notarial de abandono de tierras y solamente después se realiza la ocupación y la demanda de dotación. Actuando de esa manera el Movimiento Sin Tierra del Brasil no da ninguna legitimidad al Estado para recurrir a la fuerza y al desalojo.
¿Cómo se desenvuelven las redes de campesinos a nivel de continente?
MU. Existen redes muy importantes y ellas también adoptan, en una cierta medida y al menos a nivel declarativo, posiciones maximalistas: ¡Es un verdadero campeonato de radicalismo! En el curso de los decenios anteriores, el radicalismo de la mayoría de los movimientos indígenas promovido desde las ciudades les ha conducido a implicarse en procesos de confrontación armada como la guerrilla, es el caso de Guatemala, Salvador, Nicaragua pasando por Perú y Colombia. En Bolivia, hemos asistido a movilizaciones muy radicales como el bloqueo de caminos.
¿Con qué resultados?
MU. En Guatemala por ejemplo, el radicalismo de los años 70 y 80 finalmente no ha desembocado en beneficios concretos para las poblaciones indígenas: La lucha por la inclusión social y el acceso a la tierra están en punto muerto. Las organizaciones campesinas han salido divididas y debilitadas, y sus demandas incluso no han sido tomadas en cuenta en los acuerdos de paz con el gobierno (1996). Hoy día, el discurso de “todo o nada” de ciertas organizaciones campesinas indígenas, en la práctica, va a significar “nada”. Las movilizaciones exigiendo la expulsión de las multinacionales y el fin del neoliberalismo se resuelven generalmente a través de masacres y aquellos que mueren son siempre los campesinos. En cuanto a los ideólogos urbanos de estas movilizaciones, ellos están muy bien gracias; existe de su parte una falta total de responsabilidad histórica.
¿Cómo pueden las organizaciones campesinas acrecentar su influencia sobre el Estado?
MU. Es un tema muy complicado, veamos lo que ha ocurrido en el Ecuador: la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador CONAIE ha sido inclusive parte integrante del gobierno del Presidente Lucio Gutiérrez (2002) pero esa participación se ha desplomado dos años más tarde en un fracaso total. Yo diría, en todo caso, que la relación de las organizaciones sociales, entre ellas las organizaciones campesinas, con el Estado, a través de los partidos políticos, es indispensable. Los movimientos campesinos están obligados a aliarse con otros sectores sociales para construir proyectos históricos viables -ya que lo hemos podido ver en el pasado– ellos no tienen ni las posibilidades ni las capacidades de ejercer la hegemonía.
¿El aislamiento al que usted hace referencia existe también dentro de otros sectores del movimiento campesino?
MU. Allá donde la conciencia étnica indígena no está exacerbada y donde las reivindicaciones son más inclusivas, existen mayores posibilidades de alianzas con otros sectores de fortalecimiento de la unidad y de éxito. El MST Brasilero ha obtenido mucho más que los movimientos indígenas de Chiapas o de Bolivia, aunque no estoy seguro de que la comparación sea válida por sí solos.
¿La llegada al poder de gobiernos de izquierda en varios países latinoamericanos ha significado una mejoría?
MU. En ciertos países, estos últimos años han habido procesos de inclusión muy importantes: Se ha asignado a los campesinos mayores recursos financieros y mayores espacios de poder. Tomemos el caso de Bolivia: gracias a la descentralización municipal iniciada en 1994, más de 300 municipios han sido creados de los cuales unos 280 están mayormente dirigidos por alcaldes y concejales indígenas y campesinos. Sus municipios se benefician ahora del 20% de presupuesto nacional; una proporción enorme para países como los nuestros. Pero generalmente esos procesos de inclusión son principalmente resultado de la influencia de la acción de la sociedad civil antes que de la voluntad política de los gobiernos. Es el resultado de la acción de las iglesias, de los movimientos políticos y en particular de las ONG que apoyan al fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones populares. Es principalmente el resultado de las luchas de las organizaciones campesinas e indígenas y de las parcelas de poder que han conquistado.
¿Cuál es la actitud de los gobiernos de izquierda?
MU. Los gobiernos llamados de izquierda se han limitado a responder a esas demandas con poco más o poco menos de diligencia. Pero yo no creo que los gobiernos latinoamericanos, incluidos aquellos de izquierda, tengan una compresión adecuada de la problemática rural. Yo no los veo dispuestos a inversiones financieras y de recursos humanos en las zonas rurales con el propósito de generar un cambio en las condiciones de producción y de vida. En la medida en que las condiciones actuales subsistan (falta de buenos caminos comunales, de energía, sistemas de irrigación, educación y salud, tareas que corresponden al sector público), la pobreza extrema continuará. Y eso será así a pesar de la existencia de miles de ONG. El rol de los Estados en América Latina para promover el desarrollo rural es muy débil, inclusive marginal en relación a las necesidades de las poblaciones campesinas.
¿Las estrategias de la Cooperación Internacional son adecuadas?
MU. La seguridad alimentaria es sin duda central para el desarrollo campesino pero no es suficiente. Ciertos proyectos buscan exclusivamente aumentar la productividad de las comunidades solo al nivel local. Como si ellas pudieran vivir así. Pensar hoy día, en el siglo XXI, en términos de economías campesinas cerradas, viviendo en la autosubsistencia, como burbujas de identidad étnica ancladas en su pasado, no tiene ningún sentido. En estos tiempos de globalización, al contrario, es necesario reforzar las capacidades de esas comunidades para que ellas puedan intervenir, en mejores condiciones, sobre los mercados locales e internacionales cada vez más incuestionables.
¿Cuál es la posición de las organizaciones campesinas indígenas sobre la gestión de los recursos naturales en la región?
MU. Existe de su parte una enorme preocupación frente a la presencia creciente de inversiones tanto extranjeras como nacionales, en particular en el dominio de los hidrocarburos y de la industria minera. Los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios, solo son reconocidos en el papel: La actual legislación no les garantiza suficientemente su derecho a emplear esos recursos en su beneficio.
¿Entonces la solución pasa por la gestión de sus territorios por los propios pueblos indígenas?
MU. La capacidad de los pueblos indígenas para llevar adelante una gestión territorial adecuada deja también mucho que desear. La apelación a la sabiduría ancestral no quiere decir que los pueblos indígenas vivan hoy en armonía con el medio ambiente. Hace unos años, dirigentes indígenas Guarayos en Santa Cruz, en complicidad con funcionarios del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) firmaron acuerdos fraudulentos cediendo a terceros (privados) tierras comunitarias indígenas ricas en bosques. Al mismo tiempo la gestión territorial indígena como en cualquier parte, tiene también necesidad de fuertes mecanismos de control en el seno mismo de las comunidades y pueblos indígenas. Esto para evitar episodios tristes como aquellos de dirigentes indígenas que han caído en la corrupción.
¿Pesimismo?
1 Miguel Urioste es también co-presidente de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (CIAT) con sede en Roma. Fue candidato presidencial del Movimiento Bolivia Libre (centrista) en 1997.

REFORMA AGRARIA
Distribución y titulación de tierras. A pesar que Bolivia tiene suficientes tierras, la estructura agraria se caracteriza por la coexistencia de minifundio de la parte andina y el latifundio en las tierras bajas. La consecuencia de ello es que más del 80% de la población rural boliviana vive en la pobreza y extrema pobreza.

AUTONOMIAS INDIGENAS
La nueva constitución (2009) contiene un amplio catálogo de derechos indígenas recogidos del Convenio 196 de la OIT, la declaración de las Naciones Unidas y la Asamblea Constituyente (2006-2008).En adelante el mayor reto es el pleno ejercicio de los mismos, proceso que apenas comenzó.

SEGURIDAD ALIMENTARIA
El efímero Decreto 748 provocó la subida de precios especialmente de los alimentos y desató una ola de protestas sociales en todo el país. Sin embargo el problema no es circunstancial y se requiere un trabajo sostenido de seguimiento y análisis de las políticas agrarias y de seguridad alimentaria del gobierno.

TIERRA Y MUJER
Entre 2006 y 2010 la titulación para las mujeres se incrementó a (23%)sin embargo continúa siendo menor en proporción con la titulación de los varones (36%). Uno de los principales retos pendientes para la implementación de una nueva política de tierras en Bolivia, es la inclusión de las mujeres como beneficiarias en la distribución de tierra.
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