Los campesinos interculturales, ¿los nuevos campesinos de hoy?

La reforma agraria de 1953 transformó la vida de las comunidades andinas. No solo abolió el latifundio, sino también conectó de manera permanente con las tierras bajas del oriente y la amazonia mediante políticas de reasentamiento de población campesina. Así nacieron las comunidades de colonizadores en varias regiones del país como el Norte de La Paz, el Beni, Cochabamba, Santa Cruz.

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Hoy, estas comunidades se han convertido en protagonistas centrales en términos económicos y políticos del mundo rural y agrario del país, principalmente de tierras bajas, y han adoptado un nuevo denominativo: “comunidades interculturales”, haciendo alusión de la diversidad de sus procedencias. En los hechos, han desplazado a la histórica CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) ante el Estado y ahora, al parecer, la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB) tiene el acceso a muchos beneficios. ¿A qué se debe este cambio? y ¿cuáles son las consecuencias para las comunidades campesina indígenas del país?

Es probable que una de las razones de la preminencia de los interculturales se deba al fracaso de las estrategias de la CSUTCB para hacer efectivo el acceso a tierras fiscales que beneficien a sus bases. La organización planteó en el anteproyecto de la Ley Agraria Fundamental en 1984 que los campesinos —además de acceder a nuevas tierras fiscales— también puedan recibir apoyo del Estado para la producción agropecuaria en las comunidades, propuesta que quedó en buenos deseos. En tanto, los campesinos que dejaron sus comunidades en búsqueda de nuevas oportunidades adoptaron como estrategia la pluriactividad para acceder a nuevas tierras por su cuenta, es decir, el ser agricultor o poseer tierra era una actividad más.

Otra de las características que pone de relieve a este nuevo campesinado es la flexibilidad del término “intercultural”, bajo el cual caben todos. Esta quizás sea la mayor fortaleza de las nuevas comunidades interculturales que se están conformando en varias regiones en tierras bajas del oriente y la amazonia. La diversa procedencia de sus afiliados abre naturalmente la posibilidad de acceso a nuevas tierras sin las rigideces de requisitos y avales que se necesitaría si lo hiciera a través de otras organizaciones.

A esto se añade, en la coyuntura actual, la habilidad de los contactos políticos en las esferas del gobierno, aunque estas relaciones se conviertan en relaciones prebendales a cambio apoyo al régimen de turno. La otra cara de moneda de esta flexibilidad es el uso discrecional de lo intercultural. Como todos caben ahí, hoy en día, muchos avasalladores de tierras fiscales, de áreas protegidas, hasta de áreas de concesiones mineras auríferas incurren en ampararse en la supuesta pertenencia a la organización de los interculturales.   

Los campesinos interculturales son portadores de una visión de desarrollo modernista o productivista. Esta visión es parte inherente a su cultura agrícola en sus comunidades de origen como base para su subsistencia. Ahora, aplicando esta visión en sus nuevas comunidades su horizonte tiende a ampliarse con la idea de replicar el modelo agroempresarial en el aprovechamiento de la tierra sacando los máximos beneficios.

Por ejemplo, esta visión está vigente en las comunidades interculturales del norte de La Paz, provincia Abel Iturralde, planteamiento que destaca en los discursos del actual gobierno cuya idea es convertir a esa región en la “nueva Santa Cruz”, es decir, en productora de alimentos y dejar de depender del oriente. Sin embargo, este planteamiento conlleva a mayores riesgos de afectación a la naturaleza con mayor deforestación y seguramente el uso de agroquímicos debido a que las tierras de esta provincia no tienen enteramente vocación agrícola.

Una de las consecuencias de la preminencia que cobran hoy las comunidades campesinas interculturales es el relegamiento de las comunidades campesinas tradicionales del altiplano y valles en cuanto a la atención y al apoyo de parte del Estado para la pequeña producción campesina de alimentos. Los campesinos interculturales al haberse convertido, de hecho, en los actores directos en cuanto a la dotación de tierras han eclipsado la idea del acceso a la tierra planificado, plural y transparente. En el plano interno de las regiones la multiplicación de nuevas comunidades interculturales y la constante presión para acceder a nuevas tierras —sea a costa de áreas protegidos o incluso de territorios indígenas— pone en evidencia la conflictividad por la disputa el acceso a los recursos naturales.

En suma, los campesinos interculturales se enfrentan hoy ante el desafío de seguir el modelo agroempresarial extractivista o sentar las bases de una agricultura campesina para producir alimentos con respeto al medio ambiente y con perspectiva de sostenibilidad que dé sentido a la noción de lo intercultural de convivencia y ejercicio de los derechos, especialmente de los pueblos indígenas con quienes conviven.

* Wilfredo Plata es investigador de la Fundación TIERRA.

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