Felipe Quispe y Nelly Romero plantean la refundación de la CSUTCB y CIDOB

La Reforma Agraria celebra 67 años, indígenas y campesinos debaten sus condiciones de vida y las necesidades satisfechas o insatisfechas con las que conviven día a día.
felipe nelly

En el 67 aniversario de la Reforma Agraria, las organizaciones representativas de los movimientos campesino e indígena de Bolivia están frente al desafío de fortalecerse, y salir airosas de un tiempo que las ha dejado debilitadas y divididas.

Con este criterio coincidente, dos líderes históricos evaluaron la situación de sus entes representativos en una mesa de trabajo virtual que se realizó el jueves 30 de julio, a través de la plataforma de Facebook.

La mesa de trabajo, convocada por la Fundación TIERRA, contó con la participación de Felipe Quispe Huanca, otrora dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y Nelly Romero, ex representante de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB).

Quispe, encargado de la primera presentación recordó que, si bien el movimiento campesino protagonizó hechos históricos que transformaron la realidad del país, en el presente, la familia de la confederación sindical está dispersa, “sin un líder” que aglutine sus ideales.

La actual situación de la CSTUCB es el resultado, según Quispe, de la injerencia del anterior gobierno. “Evo ha sido envidioso, no nos ha dejado tener nuestro propio instrumento político. Por eso ahora hay un vacío político”.

Según Quispe, en este momento, el órgano campesino podría ocupar el espacio que dejó libre el Movimiento al Socialismo (MAS), pero, en el presente, la confederación está dispersa.

 “(Necesitamos) una reestructuración total de la organización para poder ser poderosa de nuevo”, dijo Quispe; hasta la fecha hay facciones y cuestionamientos entre quienes apoyan a Morales y quienes están en franca disputa con los representantes del ex mandatario.

Coincidentemente, la dirigente guaraní Nelly Romero, a través de una videoconferencia desde el chaco boliviano, reconoció nostálgica: “Es una pena, da ganas de llorar, duele ver cómo nuestra Confederación ha perdido el norte, pero no podemos callar, el silencio sepultaría a la CIDOB. Tenemos que unirnos y agarrarnos de la Constitución Política del Estado (CPE)”.

En esta línea, la dirigente continuó: “El movimiento campesino se merece mejores momentos, mejores días lejos de los politiqueros”. La CIDOB, organización que en la década de 1990 logró aglutinar los anhelos e intereses de los pueblos indígenas de las tierras bajas de Bolivia, protagonizó marchas a pie desde esos espacios hasta la sede de gobierno.

No obstante, la confederación indígena ahora enfrenta un futuro poco halagador y está fraccionada en varias divisiones que reivindican el uso de su nombre y la representatividad de los habitantes de estas regiones.

Sobre este tema, el director de la Fundación TIERRA, Gonzalo Colque, en el cierre de la mesa de trabajo, destacó la coincidencia de los ex dirigentes. “Quispe habla de la refundación de la CSUTCB y la CIDOB. Señala que se han agotado y polarizado. Es necesario un Congreso Orgánico que tenga una mirada al pasado para rescatar la ideología del movimiento campesino”.

En relación con la posición de la dirigente guaraní, el directivo Colque analizó: “Si bien Romero no llegó a plantear una refundación, sí señaló que se necesita una confederación diferente, ´necesitamos nuestra voz propia´, dijo ella”.

¿Celebración?

“La lectura del Decreto que autorizó el inicio de la Reforma Agraria, el 2 de agosto de 1953 en Ucureña, en el Valle Alto de Cochabamba, junto a 250.000 campesinos que celebraron la apertura del proceso que les reconocería como propietarios de sus tierras”, recuerda TIERRA en el texto de invitación para participar en la mesa de trabajo del 30 de julio.

Este año la pandemia, provocada por el nuevo coronavirus, ha obligado a las personas a dejar a un lado las celebraciones masivas y coincide con los pocos ánimos de festejo que tienen los campesinos e indígenas de Bolivia.

Para Quispe, la aspiración campesina de recuperar las tierras no comenzó a mediados del siglo pasado ni fue un obsequio de las autoridades de ese momento. “La Reforma Agraria no es un regalo del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario, comandado por el expresidente Víctor Paz Estenssoro)”.

Desde la fundación de la república boliviana, 1825, los campesinos aspiraban a gozar de sus derechos, pero estos fueron conculcados constantemente por los diferentes gobiernos que tuvo el país, hasta ese 1953.

“Ahora la tierra está en nuestras manos, pero tenemos muchos pendientes. (…) Nos han cambiado la casa, pero seguimos en condiciones precarias, yo aún utilizo mi arado egipcio, falta agua. No están garantizados todos nuestros derechos, quizás, nosotros teníamos ese sueño con el partido MAS, pero había sido un partido de derecha nomás”.

Al respecto, Colque elogió el conocimiento histórico del ex dirigente y cómo este recordó un proceso que, hasta ahora, no está concluido y aún deja en evidencia las desigualdades que existen en Bolivia.

“Tenemos la tierra —insistió Quispe— pero la tierra no se multiplica, tenemos surcofundio, hay más población y tiene que ir a buscar tierras a otros lugares, porque toda Bolivia es nuestra también. (Los migrantes) luego vuelven solo para las fiestas, pero viven en otras regiones”.

¿Latifundio?

Con el anterior criterio, el ex dirigente aymara, recordó una disputa que, hace algunos años, confronta a campesinos e indígenas de tierras bajas. Desde 2006, cuando salió la nueva Ley INRA, millones de hectáreas han sido tituladas a nombre de los pueblos indígenas de tierras bajas.

Sin embargo, para los habitantes de las tierras altas y sectores críticos a esta norma que, incluso, permitió la liberación de guaraníes que aún no gozaban de todas las libertades constitucionales, estas titulaciones dieron pie al surgimiento de latifundistas con rostro moreno.

Al respecto, Romero señaló que las nuevas titulaciones no son tan beneficiosas como parece a simple vista. Las tierras reconocidas no, necesariamente, son productivas o corresponden a predios que permiten “el crecimiento de nuestros hermanos”

Además, acotó la expositora: “Para nosotros, el territorio es la casa grande y estamos arrinconados (por haciendas u otros predios) y tenemos que resistir. En el caso del pueblo guaraní, la titulación apenas llegó al 30% de la demanda original”.

“Tenemos criterios para vivir en nuestro territorio y (desde las tierras bajas) discrepamos con nuestros hermanos de tierras altas”, añadió Romero. “Nos han calificado de flojos, no quieren reconocer nuestros derechos”.

Parte de los sinsabores que deja el proceso de titulación, derivado de la Ley de 2006, reside en el cuestionamiento de Romero. Un aspecto que preocupa a los indígenas es que las tierras de hacendados son las más productivas, sus usuarios gozan de apoyo estatal y, por si fuera poco, la normativa de estos años, se convirtió en la chispa que prendió el fugo de los incendios que aniquilaron millones de hectáreas de bosques, el año pasado.

De esta manera, la mesa de trabajo unió las voces de líderes históricos de los movimientos campesinos e indígenas que, a pesar de sus particularidades, tienen en común la búsqueda de mejor calidad de vida para sus familias y pueblos.

A diferencia de otros años, este 2 de agosto, la celebración de la Reforma Agraria, con diferente denominación o no, como ocurrió en el último sexenio, pone en el debate la vieja reivindicación del respeto para los antiguos habitantes de las tierras bolivianas y la solución de las necesidades básicas aún insatisfechas para miles de personas.