La titulación individual rompe lazos comunitarios en Aiquile, se afirma en una investigación

subcentral-novillero

 

La fragmentación de la tierra está obligando a reclasificar la propiedad agraria campesina en surcufundio, minifundio y pequeña propiedad. Esta realidad diferenciada en tres categorías también obliga a futuro a redefinir el rol productivo que deberían cumplir cada una de estas propiedades.

 

El saneamiento de tierras ha servido para constatar que existen profundas transformaciones agrarias en las comunidades campesinas. Uno de estos cambios es la ruptura de la cohesión social de las comunidades como efecto de la mayoritaria titulación individual. Así lo revela la investigación de Sergio Vázquez y María Teresa Peñaloza cuyo título es: “Individualización de la tierra y transformaciones socioterritoriales postsaneamiento”, realizada en el municipio de Aiquile, Cochabamba, específicamente en las comunidades de la Subcentral Novillero.

 

Para los comunarios de esta región, la titulación individual tiene ventajas económicas como el acceso a créditos bancarios destinados a emprendimientos productivos y, además, tiene un significado especial al ser y “sentirse” dueño de las tierras. La titulación comunal no otorgaría ese sentimiento, según el estudio.

 

Por otro lado, quienes optan por la titulación colectiva o Tierras Comunitarias de Origen (TCO) defienden sus formas ancestrales y originarias de uso tradicional y acceso colectivo, que además de ayudar a ejercer mayor regulación y control social, esta modalidad les permitiría ser no solo dueños de la tierra sino del territorio, es decir ser dueños del suelo, subsuelo y sobrevuelo. Esto les permite defenderse de los intereses foráneos sobre los recursos naturales existentes en la TCO.

 

De las 8 comunidades de esta Subcentral Novillero sólo 3 de ellas optaron por la TCO mientras que la mayoría (5) eligieron la titulación individual (y mixta). A nivel municipal la diferencia es mayor: de 96 comunidades del municipio de Aiquile, solo 3 optaron por la TCO, frente a las 93 que decidieron titularse de manera individual.

 

Una de las implicanciones del saneamiento individual, señala el estudio, es que rompe los lazos tradicionales de cohesión comunal y debilita la organización sindical. Se han visto afectados prácticas como el manejo y regulación comunal de áreas de pastoreo o el uso y acceso a manantiales de agua. La pérdida de estas prácticas genera conflictos y enfrentamientos al interior y entre comunidades. Además, la titulación individual provocó la consolidación del minifundio extremo al “titular superficies que no superan los 50 a 100 metros cuadrados”. Con este tamaño de tierra es imposible “asegurar el sustento básico para todos los miembros de la unidad familiar”.

 

Los investigadores, también resaltan que la aparcería fue reemplazada por el arrendamiento de tierras (Aparcería, es aquella forma de acceso a la tierra en que el propietario y el aparcero se dividen el producto de una parcela). Este cambio significa que “el propietario alquila una extensión de tierra por un monto fijo de dinero de forma anual”. Otro fenómeno de mercantilización es la creciente compra venta de tierras con riego y de frutales.

 

La fragmentación de la tierra estaría obligando a la necesidad de reclasificar la propiedad agraria campesina en surcufundio, minifundio, y pequeña propiedad. Vásquez y Peñaloza señalan que esta realidad diferenciada en tres categorías también obliga a futuro a redefinir el rol productivo que deberían cumplir cada una de estas propiedades.

 

 Nota. El estudio de Sergio Vázquez y María Teresa Peñaloza está disponible en el siguiente enlace (Parte III) http://goo.gl/nqtl73.