La agricultura familiar campesina frente a la agricultura empresarial

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El 95 por ciento de las Unidades Productivas Agropecuarias (UPA) en Bolivia, corresponde a la agricultura familiar campesina (AF), mientras que el 5 por ciento tiene un carácter empresarial. Pese a esta importancia poblacional, los agricultores familiares cultivan solo el 40 por ciento de la tierra; en contraste, la agricultura empresarial ocupa el 60 por ciento de la tierra cultivada. El aporte de la AF a la seguridad alimentaria ha decrecido en las últimas décadas y al contrario, la agricultura empresarial ha incrementado su presencia.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) declaró a 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, este fue un avance significativo para destacar la importancia de la agricultura a pequeña escala en el mundo, visibilizarla y posicionarla dentro de las políticas institucionales, financieras y legales. Pero un año no ha sido suficiente según el Comité de Seguridad Alimentaria (CSA), razón por la cual decidió extender por diez años más la campaña a favor de la Agricultura Familiar, campesina, la pesca artesanal, el pastoreo y las comunidades indígenas (AIAF+10). El objetivo central del AIAF+10 es mejorar las políticas públicas en favor de este segmento productivo identificando siete temas relevantes: acceso a mercados locales y regionales, acceso al crédito, a tecnologías apropiadas, a recursos naturales en el contexto del cambio climático, fortalecimiento organizacional y el rol de mujeres y jóvenes.

 


Necesidad

 

Según el CSA la agricultura familiar debería estar diferenciada de la agricultura empresarial, es decir, del modelo que produce más mercancías que alimentos. La coexistencia de estas formas de producción es contradictoria, y la adopción de medidas en favor de una de ellas puede ir en desmedro de la otra. Cuando eso sucede, por lo general es afectada la producción más débil, en otras palabras, la agricultura familiar.

 

La producción de la agricultura empresarial por lo general está asociada a clusters dirigidos por empresas transnacionales que no prestan atención a los problemas de sostenibilidad ambiental ni a los impactos negativos sobre la población del campo. Los cultivos intensivos en capital no generan empleo rural y apuestan por el uso masivo de agroquímicos, semillas transgénicas y maquinaria agrícola dependiente de combustibles fósiles.

 

Crisis

 

Bolivia no es ajena a estos fenómenos globales. En el pasado reciente, la agricultura familiar de base campesina proveía una parte importante de los alimentos para la seguridad alimentaria nacional. Sin embargo, este rol ha declinado frente al sostenido crecimiento del sector agroindustrial asentado principalmente en el departamento de Santa Cruz. La expansión de la frontera agrícola sucede en gran parte por la producción de soya,  lo cual incide en las crecientes tasas de deforestación. Paralelamente sucede una paulatina incorporación de sistemas tradicionales de producción campesinos a las cadenas de valor de los productos comerciales.

 

Este es el escenario en el que debemos entender el lugar que ocupa la agricultura familiar, es decir, de aquellas unidades de producción operadas por familias campesinas o indígenas que poseen y explotan pequeñas parcelas de tierra utilizando, fundamentalmente, recursos propios. Aunque es un sector que agrupa a la mayoría de las familias del campo, las evidencias sobre su marginalidad y estancamiento son cada vez más taxativas.

 

Censo Agropecuario

 

De acuerdo al Censo Nacional Agropecuario de 2013, en Bolivia existen 871.921 Unidades Productivas Agropecuarias (UPA), de las cuales el 95 por ciento correspondería a la agricultura familiar campesina, mientras que el 5 por ciento tiene un carácter empresarial. Pese a esta importancia poblacional los agricultores familiares campesinos cultivan solo el 40 por ciento de la tierra; en contraste la agricultura empresarial ocupa el 60 por ciento de la tierra cultivada. También hay una desproporción en los volúmenes y valor de la producción. La relevancia económica de la agricultura empresarial hace que las políticas públicas estén orientadas cada vez más a este sector, el cual, a su vez, se  atribuye la responsabilidad por la seguridad alimentaria en Bolivia.

 

Descargar periódico Nuestra Tierra en el siguiente enlace:""Periódico Nuestra Tierra Nº 14".