Una plataforma ciudadana impulsa la oferta virtual de verduras y fortalece a la agricultura familiar en La Paz

Difunde sus ofertas a través de WhatsApp y Facebook, por eso, sus principales clientes son jóvenes citadinos que ven en esta dinámica una alternativa para conseguir alimentos orgánicos directamente de los productores. Para las familias agricultoras significa también una alternativa que mejora sus ingresos económicos puesto que elimina el gran obstáculo de la intermediación comercial que paga poco a los productores y obtiene ingentes ganancias de los consumidores urbanos. Es un movimiento ciudadano basado en alianzas estratégicas entre el campo y la ciudad. A decir de su principal activista, Katherine Fernández, buscan recomponer el lazo entre estos dos ámbitos con la venta semanal de sus “Agrobolsas”, la participación en ferias y el agroturismo.

 

agrobolsas

 

 

Aunque habla en tono suave, María Elizabeth Villanueva es una mujer tenaz. Diariamente se levanta a las 03:00 para regar sus sembradíos de brócoli, coliflor, vainas y achojchas en la comunidad Chinchaya, porque solo a esa hora llega el agua proveniente de Hampaturi. “Siempre nos falta agua. Durante el día no hay para riego”, explica en medio de una noche en la que conversamos y que les aguó la distribución semanal de sus productos en Alto Sopocachi, un barrio de la urbe paceña. Junto a sus tres hijos comienza la labor cotidiana de la actividad que es el único sustento económico de su familia. De esta manera asegura la cosecha de los productos que semanalmente nutren de verduras y tubérculos las “Agrobolsas surtidas”, una iniciativa que desde hace dos meses congrega el esfuerzo de alrededor de 20 productoras y productores familiares de Chinchaya, comunidad distante a 40 minutos del centro urbano de La Paz.

 

Parece obvio, pero es preciso anotar que este grupo de pioneros en este novedoso sistema de comercialización, es parte de lo que en Bolivia se conoce como agricultores familiares, debido a que el núcleo productivo es la familia. El investigador Jose Luis Eyzaguirre explica que este sector representa el 98 por ciento de las unidades productivas agrícolas (UPA), según los datos del último Censo Nacional Agropecuario de 2013, anotados en el estudio “Importancia Socioeconómica de la Agricultura Familiar en Bolivia”. El restante dos por ciento está constituido por las UPA de grandes propiedades, muchas de las cuales están dedicadas al agronegocio de la soya, especialmente en Santa Cruz.

 

A pesar de esta desventajosa proporción, de la falta de un adecuado sistema de riego y otras carencias y falencias, Villanueva afirma que las “Agrobolsas surtidas” son beneficiosas para su economía porque recibe casi el doble de ingresos por su producción. Antes de esta iniciativa llevaba sus productos al mercado Rodríguez, uno de los principales centros de abasto de la ciudad, y allí los intermediarios le pagaban entre Bs 1,00 y 1,50 por brócoli. Ahora cobra Bs 3,00 por el mismo producto; un verdadero empujón a la agricultura familiar.

 

Según Katherine Fernández, las productoras han evaluado que hay una mejora en sus ingresos y por eso han ratificado su presencia en la plataforma. “Se han quedado las que han entendido la estrategia, qué se tiene que hacer para que la iniciativa funcione y cómo son las relaciones con la gente, con los consumidores, con las caseras y caseros”.

 

Pero esta relación, como toda relación humana, es difícil de establecer y hacer que dure, explica Fernández: “…en la medida en que se entiende la relación económica, ecológica y humana, esto puede continuar”.

 

El grupo de productores se llama Waliki juttax tumpiri (qué bien que has venido a visitarme) y tienen al menos tres estrategias para comercializar sus productos: Una feria los días sábados que tiene lugar en la calle Abraham Roscas en Villa Pabón y que cumplió dos años de actividades el pasado 6 de mayo; las “Agrobolsas Surtidas”, de reciente creación, cuya principal característica es la difusión vía redes sociales digitales, pero además es itinerante dentro de la ciudad de La Paz y también semanal. Finalmente el Agroturismo que consiste en la interacción de los productores y consumidores en el lugar de cultivo que es Chinchaya.

 

Incentivos y condiciones

 

No reciben toda la ayuda que deberían, pero al menos algunas instituciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Alcaldía de La Paz han coadyuvado en la generación de esta iniciativa de acceso a productos de la agricultura familiar.

 

Villanueva se queja de que la FAO no les ha dotado de más carpas solares a pesar de la solicitud que hicieran las y los productores de Chinchaya, después de que esa organización financiara el material para la construcción de 20 invernaderos hace un año y medio. “Este año hemos pedido como 50 carpas, pero no ha dado a nadie”. Sin embargo, aclara la agricultora, la FAO financió 50 carpas para Hampaturi.

 

Desde el Estado, la Alcaldía de La Paz ha apoyado a los agricultores con los invernaderos en Chinchaya a condición de que su producción sea orgánica, de acuerdo a sus sistemas. Fernández explica que hay una lucha porque todos los agricultores produzcan en forma orgánica. “Hay un avance, la Alcaldía está colaborando en eso, pero es muy complicado porque el sistema biológico funciona de una manera circular: si el vecino lo hace te afecta. Entonces el trabajo de recuperar el sistema de producción orgánica, es una lucha de todos los días y de que todos se integren en este camino. Por lo menos los productores del grupo están comprometidos”.

 

En el último tiempo se han sumado aliados de otras comunidades como Retamani, que pertenece al municipio de Palca. “Ellos también están incursionando, por decisión propia, en los cultivos estrictamente orgánicos, con la única diferencia de que producen frutas, debido al clima más cálido de su región”, explica Fernández. Según la activista, el objetivo es hacer una alianza para que tanto la feria como las agrobolsas tengan también esos productos. “La idea es entrelazarnos entre diferentes regiones porque se necesita complementar la producción y la oferta porque lo que se tiene en una zona no es suficiente en diversidad y volumen”.

 

Financiamiento y sustentabilidad

 

La iniciativa de las “Agrobolsas surtidas”, la feria semanal y el agroturismo, camina por sí sola, es decir, con la voluntad de las agricultoras y agricultores que se dedican al cultivo orgánico con el fin de comercializar sus productos directamente a los consumidores. En este contexto, las alianzas juegan como un factor de sustentabilidad porque cada productor tiene el interés de vender su producto. “El unirnos hace que tengamos una oferta más diversificada y atraer a la gente a una feria”.

 

Pero las alianzas no solo se dan entre agricultores, sino entre éstos y productores de alimentos elaborados que son citadinos. También se han hecho alianzas con algunos restaurantes o instituciones relacionadas con la producción de la agricultura familiar porque en esos lugares se hace la comercialización semanalmente. Esto obedece a una estrategia que privilegia lugares que no están cerca de los grandes mercados. En La Paz hay una alianza con la oficina de “Inti Illimani” que produce y comercializa cocinas solares y está ubicada en Alto Sopocachi, también con el restaurante “Wakala”, ubicado en Miraflores y con “La ventanita”, que se encuentra en la zona Sur.

 

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El límite generacional

 

No todo es color de rosa porque las agrobolsas no contentan a las mamás de la generación pasada, menos a las abuelas, quienes prefieren la rutina de ir todas las semanas a los grandes mercados –donde venden los intermediarios–, y escoger puesto por puesto las verduras, frutas y todos los productos necesarios para la alimentación de la familia.

 

Esta iniciativa tiene una notoria mejor acogida en los jóvenes, quienes además tienen mayor acceso a las redes sociales digitales y no se hacen problema por los productos que se incluyan en las bolsas.

 

Otro factor negativo o selectivo es que a pesar de que los precios no son caros, algunas personas piden rebaja. Aquí, lamentablemente, no se toma en cuenta la calidad del producto y se procede con una actitud que no condice con la economía que busca una mejor alimentación y privilegia la comercialización directa del productor al consumidor. De todos modos, los “caseros” que mejor respondieron fueron los de la zona Sur, según explica Fernández, puesto que ellos se adaptan mejor a la difusión por redes y pagan el costo de la agrobolsa sin regatear.