La agricultura por contrato somete a cerca de dos millones de campesinos mexicanos

Luciano-Concheiro

En México no existe una extranjerización y concentración de tierras, al menos no como en otros países de América Latina. Aunque igualmente las empresas transnacionales explotan la tierra, esa acción adquiere formas distintas como la conocida agricultura por contrato. Mediante un acuerdo escrito o verbal, las transnacionales alquilan las tierras de 1,8 millones de campesinos mexicanos y les imponen semillas, formas y técnicas de trabajo agrícola, explica el economista Luciano Concheiro, doctor en desarrollo rural y profesor de la Universidad Nacional Metropolitana Xochimilco – México.

Rememorando la visita de Concheiro a La Paz, presentamos algunas ideas de la conferencia que ofreció en ocasión de la inauguración del Programa Doctoral en “Ciensas del Desarrollo Rural” perteneciente a la Cátedra de Estudios Latinoamericanos “René Zavaleta Mercado” del CIDES-UMSA, a mediados de julio.

Según el economista, con ese tipo de contratos los campesinos de su país son los que cargan con las pérdidas: “…en términos marxistas se diría que hay una subsunción real total del trabajo campesino en el capital. El capital es el que determina toda la lógica de la producción campesina, pero las cargas, el deterioro de la tierra, etc. caen en manos de los campesinos”.

Además, desde la visión de Concheiro, ésta forma de explotación destruye la tierra: “Entonces tenemos una combinación a través de la inversión, de otras formas de apropiación de las tierras y de una destrucción impresionante de las mismas por la lógica del capital”.

Este modelo de agricultura se estableció en la región, es decir, en parte Norte América (México), Centro América y parte del Caribe. El especialista explica que en su país existen 5,5 millones de campesinos que poseen tierras en la en forma social y 7,5 millones de campesinos son minifundistas o propietarios de tierra bajo formas sociales y de micro propiedad privada. En este último grupo, un millón 800 mil campesinos trabajan bajo la modalidad de agricultura por contrato.

Extranjerización y mercado de tierras

La oportunidad es propicia para hablar sobre el origen de la otra variante de explotación de la tierra por parte de las transnacionales, específicamente sobre la extranjerización y también sobre la creación del mercado de tierras en América Latina. Concheiro afirma que ambos procesos surgieron a fines de los años 90 y durante la primera década de 2000 como consecuencia de la incidencia institucional de la política del mercado de tierras del Banco Mundial (BM).

“El BM venía de la experiencia en Sudáfrica. Allí logró la confrontación y la división de unos pueblos contra otros, porque en vez de hacer el reparto (de tierra) en términos tribales lo hicieron en términos individuales y entonces generaron una guerra para toda la vida”, afirma el especialista mexicano.

El trabajo del BM en América Latina lo lleva a una confluencia con la FAO. Ambos plantean una perspectiva sobre el mercado de tierras. La idea central fue, según el profesor Concheiro, “asistir con el mercado a las transformaciones de la tierra”. Como resultado sentaron las bases para una mercantilización de la tierra. “Allí donde se generaron los mercados de tierra para los campesinos, la tierra está hoy otra vez en manos de los latifundistas, por este mecanismo y además por la violencia ejercida en muchos países de nuestro continente”, explica el profesor mexicano, antes de citar a Colombia como el caso extremo: “…donde sólo queda el 10 por ciento de los que recibieron tierras por ese mecanismo. Es decir, sólo 10 por ciento de campesinos mantiene la tierra en sus manos”.

En general, si se mira el contexto de Sudamérica, Concheiro afirma que existe una concentración muy alta de la tierra en Argentina y Brasil, sobre ciertos productos como la soya, la caña de azúcar, los frutales y existe el acaparamiento de tierras o land grabbing (en inglés) que se refiere a la compra de tierras por extranjeros en el oriente boliviano, más de un tercio en el Paraguay, la compra de tierras de argentinos sobre Bolivia y de la república de la soya con 48 millones de hectáreas. “Hablamos de un proceso sin precedente en la creación de extensiones de tierra concentradas en una sola mano, en una sola empresa, que no tienen paralelo en toda la historia del latifundismo en América Latina”, finaliza el economista mexicano.